Los millenials de 2018

millennials

Escena uno: decenas de jóvenes millennials (tal vez cientos) salen a las calles, el pasado 19 de septiembre, para ayudar a rescatar a personas sepultadas bajo los escombros en las colonias Roma y Condesa.

Escena dos: varios de estos jóvenes se toman selfies con los edificios derrumbados de fondo o hacen Facebook Live para “informar” que están ahí para “ayudar”.

Escena uno: la ayuda para los damnificados se desborda: comida, agua, cobi-jas… llenan las decenas de centros de acopio.

Escena dos: varias personas no iden-tificadas, entre los que se sospecha de miembros de seguridad y protección civil, aprovechan la confusión y el cierre de edificios dañados para robar lo que pueden. Escena uno: surgen varios emprendedores con apps para agilizar la ayuda, con métodos creativos para construir casas provisionales, con propuestas novedosas para tratar los trastornos psicológicos y emocionales que dejó el sismo (no se pier-dan nuestro reportaje en esta edición).

Escena dos: más de mil personas tramposas “cobran” la ayuda de 3,000 pesos para damnificados, sin serlo.

Escena uno: Lucy Zamora, consultora de comunicación, es rescatada de entre los escombros del edificio de Álvaro Obregón 286, después de 36 horas de estar atrapada; su sonrisa, al ser liberada, se convierte en símbolo de esperanza y renaci-miento.

Escena dos: los partidos políticos promueven una iniciativa para reasignar los recursos públicos de la elección de 2018 para ayudar a quienes perdieron su hogar; su actuación populachera nos recuerda que nuestros “líderes” no cambian. Estas escenas nos pintan a dos tipos de personas muy distintas.

El sismo parecía la oportunidad para ver nacer a nuevos mexicanos: solidarios, compasivos, honestos, seguros, echados para adelante, sin miedo al Muro. ¿El cambio ocurrió? ¿Ya inició? ¿O ya regresamos a ser los de siempre: los que se quejan, los que nunca pueden, los egoístas, los soberbios, los que no escuchan? No sé la respuesta, pero, como la canción de Soda Stereo titulada igual que este texto, ‘estoy sentado en un cráter desierto” y sigo aguardando el otro temblor, el verdadero, el definitivo temblor del cambio.

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